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Introducción
En este
artículo vamos a tratar la problemática de la corrosión
en los anclajes de barrancos. El tema es tan amplio y complicado
como se quiera, así que hemos intentado eliminar cuestiones
excesivamente técnicas. En un anexo aparte se trata la
corrosión desde un punto de vista puramente químico,
o mejor dicho, electroquímico, pero sin llegar a profundizar.
Una de
las simplificaciones ha sido la de reducir los tipos de anclajes
a los que quedan fijados mediante una expansión mecánica
(spits y parabolts), o mediante resinas (químicos). Aunque
la actuación de la corrosión es la misma, obviaremos
las referencias a pitones y buriles, empleados mucho más
ocasionalmente.
Todo
aquel que quiera profundizar en el tema de la corrosión,
tiene al final un apartado de la bibliografía empleada
para la realización de este artículo.
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Qué
es la corrosión
En un sentido amplio,
la corrosión podría definirse como los cambios
que sufre un material por interacción con el ambiente.
Si bien cualquier material es susceptible de sufrir estos cambios,
nosotros nos fijaremos exclusivamente en la corrosión sobre
los metales, materia prima de los anclajes. Y por ambiente entenderemos
el entorno que rodea al material, por lo que la composición,
temperatura y presión ambientales tienen influencia en este
proceso.
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La principal causa de
la corrosión es la inestabilidad de los metales en sus formas
refinadas, puesto que éstas tienden a volver a sus estados
originales a través de los procesos de corrosión.
En realidad lo que nosotros hacemos para extraer el metal es ir
en contra de una reacción que ocurre espontáneamente
en la naturaleza.
El estado de existencia
más estable para un metal es su forma mineral, tal como aparecen
en la naturaleza, ya sea en forma de óxidos (como la bauxita
Al2O3), sulfuros (como la pirita FeS2), carbonatos (como la rodocrosita
MnCO3) u otras. Y la corrosión no es más que una serie
de reacciones químicas que disuelven los metales para formar
óxidos, sulfuros...Sólo unos pocos metales, como cobre
y plata, se llegan a encontrar en estado puro, más conocido
como estado nativo.
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Para hacernos una idea
del problema de la corrosión en el mundo, se estima que el
25% de la producción mundial de acero es destruida por la
corrosión, y en ese porcentaje están nuestros queridísimos
anclajes de barrancos.
Tipos de corrosión
Como toda clasificación,
no deja de ser un ordenamiento a gusto del autor, así pues,
haremos una separación según las causas principales
que facilitan su actuación. Con ello no queremos decir que
sólo hay una causa la que provoca esa corrosión, ni
que se dé solamente un tipo de corrosión con esos
factores, al contrario, la cantidad de agentes que afectan a un
anclaje es tal que esta clasificación se hace atrevida.
Distinguiremos
entre:
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1. Corrosión
galvánica: se produce cuando se ponen en contacto dos
metales diferentes generando una diferencia de potencial entre ellos.
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2.
Corrosión por picaduras (pitting): se produce cuando existen
pequeñas imperfecciones en la superficie del metal, sobre todo
en inoxidables y galvanizados. |
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3.
Corrosión por fisuras (crevice): si por cualquier causa
un anclaje tiene una grieta (tras una riada, por ejemplo) esa será
la vía de ataque favorecida. |
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4.
Corrosión por fatiga: una mala mecanización en la
fase de fabricación o la utilización del anclaje puede
provocar micro roturas que facilitan la corrosión en esa zona.
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5.
Corrosión intergranular: se produce en los bordes de grano
(estructura interna del material), y suele suponer una apreciable
perdida en las propiedades mecánicas, el metal se desintegra.
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c 
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6.
Corrosión por aireación diferencial: se produce
cuando un metal está en un medio con diferentes concentración
de oxígeno, por ejemplo la parte introducida en la roca frente
a la parte exterior al aire. |
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7.
Corrosión por microorganismos: ciertos microorganismos,
como algunas bacterias, favorecen ciertas reacciones de corrosión
en circunstancias determinadas |
Durante las
formas descritas de corrosión, las reacciones químicas
son más o menos las mismas, pero las circunstancias cambian.
Y lo normal es que varios de los tipos se den con cierta simultaneidad,
por ejemplo por aireación, fatiga y galvánica podría
ser un suma bastante común.
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Cuándo
aparece la corrosión
Los problemas de corrosión
aparecerán cuando nuestros anclajes no aguanten las exigencias
que impone el medio que los rodea, es decir, desde el momento
que lo coloquemos, por no decir desde el momento de su fabricación,
como se puede sobrentender de apartados anteriores.
Podríamos decir
que hay una serie de factores internos (debidos al anclaje), y
unos externos (debidos al medio que rodea al anclaje), que afectan
al desarrollo de la corrosión.
Dentro de los factores
propios del anclaje o internos tenemos:
* Composición del anclaje
* Defectos de fabricación y uso
* Homogeneidad del sistema
Y
dentro de los externos o del medio están:
* Condiciones atmosféricas
* Composición atmosférica
* Composición del agua
* Tipo de roca/suelo
A todos ellos sumaremos
el factor tiempo, del cual no se escapa nada ni nadie. Cuanto
más antiguo sea el anclaje, más tiempo está
sometido a la actuación de la corrosión, en peor
estado se encontrará.
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La gama
de materiales empleados en anclajes es tan amplia como los fabricantes,
aunque los vamos a dividir en dos grandes grupos, aceros y aceros
inoxidables. El acero es básicamente una aleación
o combinación de hierro y carbono (hasta un 2-3% como máximo).
El inoxidable lleva además cromo en una proporción
superior al 10%. Ambos suelen llevar distintas proporciones de otros
metales como manganeso, níquel o molibdeno. En el caso del
acero también se puede encontrar bañado (galvanizado)
con una capa de zinc (zincado) o de sales de cromo (bicromatado).
Tanto los inoxidables como los galvanizados poseen, o forman, una
capa protectora (óxidos metálicos) que retrasa el
efecto de la corrosión. Otra forma no muy habitual de protección
son los recubrimientos con resinas (pinturas).
También tenemos
aleaciones de aluminio pero en este caso sólo encontraremos
las chapas, no el anclaje en sí, con características
bastante buenas frente a la corrosión por la misma razón
que inoxidables y galvanizados, se crea una capa de óxido
de aluminio en superficie muy resistente a la corrosión atmosférica.
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Desde el momento
que se carga el mineral en el horno de fundición hasta su
aparición en forma de anclaje existen numerosas operaciones
(fundido, fraguado, mecanizado...) que afectarán a las características
de ese material. En el mejor de los casos tendremos un material
de las características deseadas dispuesto para ser usado.
Si no tendremos pequeñas imperfecciones que no afectan a
la seguridad inmediata de anclaje pero que serán puntos débiles
de actuación de la corrosión con el tiempo. Luego,
el uso de anclaje para su fin provocará pequeñas tensiones
en el material, puntos de fatiga, por donde de nuevo la corrosión
tendrá mayores facilidades. Los desprendimientos y riadas,
en el caso de no arrancar el anclaje, también provocarán
daños de mayor o menor consideración que favorecerán
la corrosión.
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Por
último, si empleamos diferentes materiales a la hora de poner
un anclaje (ponemos partes de acero inoxidable con otras que no lo
son, por ejemplo) se producirá un tipo de corrosión
(galvánica) que afectará en mayor grado a unos materiales
que a otros. La corrosión en este caso se ve acelerada por
esta mezcla de materiales diferentes en contacto. También influye
la diferencia de tamaños de esas partes, cuanto menor sea la
parte oxidable más rápida y fuerte será la corrosión. |
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Al
estar nuestros anclajes en el medio ambiente se encuentran expuestos
a las inclemencias de este. Nuestra actividad, el descenso de barrancos,
se basa en el descenso de unas estructuras geológicas formadas
por el agua y que en algún momento discurre ésta por
ellas, y ahí esta uno de los grandes amigos de la corrosión.
La humedad relativa y fenómenos meteorológicos como
lluvia, nieve, rocío, son determinantes para la velocidad de
actuación del proceso de destrucción de los anclajes.
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La
cantidad de oxígeno disuelto en el medio también tiene
su importancia. No hay la misma cantidad de oxigeno en el aire, en
los suelos o en el agua, y ahí esta el problema. La parte menos
oxigenada del anclaje (la que se haya en la roca) será la que
sufrirá los efectos de la corrosión de manera acentuada.
La temperatura tiene una relación directa con la presencia
de oxígeno disuelto, cuanto más baja mejor se disuelve
el gas.
Los contaminantes gaseosos
y sólidos potencian el efecto corrosivo de los factores meteorológicos.
El cloruro de sodio (NaCl) y el dióxido de azufre (SO2) son
los principales contaminantes corrosivos en la atmósfera.
El primero es un contaminante "natural" y llega a la atmósfera
proveniente del mar (atmósfera marina).
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| El
SO2 se encuentra en el aire, y es originado principalmente por la
combustión de combustibles fósiles (es el responsable
de la lluvia ácida). De forma similar a este último
actúan los óxidos de nitrógeno NOx. El grado
de contaminación salina depende de la distancia al mar. Más
allá de unos pocos cientos de metros del borde del mar, la
salinidad y la velocidad de corrosión suelen decaer ostensiblemente.
Las partículas de polvos en suspensión en la atmósfera,
en conjunción con la humedad, forman las llamadas celdas de
corrosión por aireación diferencial en la superficie.
Otro tipo de contaminantes que pueden estar presentes en ciertas atmósferas
son los vapores de ciertos ácidos orgánicos originados
por degradación de algunas maderas, plásticos, gomas
y pinturas, y constituyen otra fuente de corrosión atmosférica.
En atmósferas húmedas concentraciones muy bajas de estos
compuestos, hasta de 0,1 partes por millón (ppm) resultan agresivas
para algunos metales, pero este hecho apenas nos afecta, de momento.
Las aguas naturales
son un medio que evoluciona constantemente en su composición,
el contenido en sales minerales varía y con él la
agresividad del agua. Cuanto mayor contenido en sales (mayor conductividad
eléctrica), mayor actividad en los procesos de corrosión.
Las aguas de montaña suelen poseer una mineralización
débil y por tanto son poco activas. En zonas más pobladas
con posibles vertidos y escorrentías de campos de cultivo
(sulfatos, nitratos, cloruros...) los contenidos en sales aumentan
considerablemente y por tanto la actividad corrosiva del agua. También
podemos tener aguas subterráneas contaminadas por actividades
humanas y que luego afloran a gran distancia del foco contaminante.
Por otro lado, aguas ricas en carbonato cálcico pueden llegar
a crear películas sobre los anclajes que les dan cierta protección
frente a la corrosión, aunque la presencia de otras sales
puede provocar que las características de estas películas
produzcan el efecto contrario, aceleración de la corrosión.
Cabe señalar
que la presencia en el agua de determinadas floras bacterianas (bacterias
sulfato-reductoras y ferrobacterias) incide directamente en el aumento
de la corrosión del sistema. Las características químicas
del agua pueden favorecer más la presencia de esta flora
bacteriana que acelerará el fenómeno.
Relacionado directamente
con la composición del agua está la composición
de las zonas que atraviesan. El terreno o suelo, por su contenido
variable de humedad, sales y materia orgánica en descomposición
es el medio más complejo de todos los que se pueden encontrar.
Se trata de un medio heterogéneo que contiene gran cantidad
de componentes que darán lugar a distintos grados de agresividad
en combinación con los cursos de agua que los atraviesan.
En lo que se refiere
a la acidez, medios (suelos o aguas) muy ácidos (pH <5.5)
pueden motivar una rápida corrosión del metal desnudo,
y la agresividad aumenta con el incremento de la acidez (disminución
del pH), pero estos valores no son normales. La mayor parte de los
suelos tienen pH comprendidos entre 5.0 y 8.0, en cuyo caso la corrosión
depende de otros factores. En medios alcalinos parece existir una
cierta correlación entre conductividad y agresividad.
En resumen
Nuestros anclajes se
verán más o menos afectados por la corrosión
de forma inexorable por el simple hecho de encontrase en el medio
ambiente, pero podemos hacer ciertas cosas que no ayuden a su deterioro
acelerado. Tal vez no podamos hacer nada por la gran mayoría
de los factores que afectan a la corrosión, pero sí
podremos conocerlos y estar más atentos.
Hay que remarcar que
no se quiere alarmar sobre la seguridad de los anclajes, sencillamente
alertar de que esos hierros de los que nos colgamos
alegremente pueden tener deficiencias en mayor o menor grado. La
seguridad de un anclaje a corto plazo debería estar fuera
de toda duda, a medio plazo surgen las dudas, pero a largo plazo
no está mal hacer ciertas comprobaciones sencillas de cual
es el estado de los anclajes.
Así diremos que,
los anclajes deben ser siempre del mismo material, es decir:
* en el caso de los
spits, casquillo, cono, chapa y tornillo deberán ser de acero
(existen tacos de expansión en inoxidable pero no se usan
apenas en nuestra actividad al no ser autoperforantes).
* en el caso de los
parabolts el conjunto ha de ser del mismo material, o todo (espárrago,
tuerca y chapa) acero, o todo inoxidable.
* en el caso de los
químicos este problema de corrosión galvánica
no existe al ser un único componente metálico.
Aún así,
es prácticamente imposible que las calidades de los aceros
normales e inoxidables sean exactamente iguales (composición,
fraguado, mecanizado...) por lo que la corrosión no se puede
evitar , sólo ralentizar.
Siempre que se utilice
acero inox combinado con otro material metálico diferente,
se va a acelerar la corrosión. Es más, en los spits,
es más peligroso aún cuando el tornillo es inoxidable,
entonces la corrosión se produce internamente en el casquillo,
y como la apariencia del tornillo es impoluta nos fiamos a ciegas
del anclaje. Si usamos tornillos recubiertos de zinc (zincados)
u otros metales, sólo retrasaremos un poco la corrosión,
hasta que ese recubrimiento ha desaparecido.
Por otro lado, aún
suponiendo que se consiguiese un anclaje, llamémosle homogéneo
(todas las partes del anclaje de igual composición y características)
tendríamos lo que se denomina corrosión por aireación
diferencial. El mismo proceso electrolítico que se produce
entre metales diferentes, se produce en un único material
sometido a condiciones atmosféricas diferentes y como el
casquillo (introducido en la roca) se encuentra menos oxigenado
que el tornillo y la chapa externa estamos en las mismas, es decir
se produce la corrosión inevitablemente. Todo esto aumentado
por el efecto húmedo de los barrancos.
Por todo ello recomendamos
cerciorarse del estado de los anclajes antes de colgarse de ellos,
una revisión visual y una tracción manual pueden evitarnos
algún susto.
Si bien los anclajes
metálicos no suelen dar muchos sustos, la corrosión
también afecta a otras partes que forman parte de las reuniones
de rápel, como los cordinos y cintajos que suele haber. Su
degradación es debida a la interacción con el medio,
es decir, corrosión, y en este caso la afección es
muy rápida, así que mucho ojo.
Bueno, como dice un
compañero de barrancos, no nos salvamos, y menos mal, así
la naturaleza tiene la posibilidad de convertir en nada lo que nosotros
vamos dejando por ahí.
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ANEXO
QUÍMICA DE LA
CORROSIÓN
La corrosión
es esencialmente un proceso electroquímico en el que un metal
se transforma de su estado metálico al iónico. Es
un proceso espontáneo que denota siempre la existencia de
una zona anódica (la que sufre la corrosión), una
zona catódica y un electrolito. Es imprescindible la existencia
de estos tres elementos, además de una buena unión
eléctrica entre ánodos y cátodos, para que
este tipo de corrosión pueda tener lugar.
Los electrodos (ánodo
y cátodo) pueden ser dos metales diferentes o distintas áreas
de una misma pieza de metal. Y el electrolito es, en caso de no
estar sumergido o enterrado el metal, el agua condensada de la atmósfera,
para lo que la humedad relativa deberá ser del 70% al menos.
Veamos un ejemplo de
corrosión forzado para ver como funciona el sistema. Si cogemos
una pieza de hierro y la sumergimos en una disolución de
ácido clorhídrico se puede observar un vigoroso burbujeo
de gas hidrógeno (H2). Sobre la pieza de metal hay numerosas
e imperceptibles áreas cátodo y ánodo producidas
por las inclusiones en el metal (materiales no metálicos),
las imperfecciones superficiales, los esfuerzos localizados, la
orientación de los granos (según el proceso de enfriamiento)
o las variaciones en el medio. En el ánodo, los iones de
hierro positivamente cargados (Fe++) se separan de la superficie
sólida y entran en disolución, mientras que las cargas
negativas, en forma de electrones (e-), se quedan en el metal. En
el cátodo, los e- chocan con los iones hidrógeno positivamente
cargados (H+) que llegan a través del electrolito, perdiendo
su carga y combinándose para dar H2. Así, el proceso
va avanzando, la oxidación del hierro en los ánodos
y el desprendimiento de H2 en los cátodos.

De forma general, la
reacción que tiene lugar en la zona anódica es:
Me ªMen+ + ne-
Y en la catódica:
2H+ + 2e- ª H2
En resumen, tenemos
un metal que se va disolviendo. Para que la corrosión prosiga
es necesario eliminar los productos de corrosión del ánodo
y cátodo. El H2 del cátodo se puede combinar con el
oxígeno disuelto (O2) en el electrolito adyacente para dar
agua (H2O), por lo que velocidad de desaparición del H2 dependerá
del O2 en el electrolito, el cual depende del grado de aireación,
la cantidad de movimiento, la temperatura y la presencia de sales
disueltas, entre otros factores. A su vez el O2 puede actuar como
eliminador de iones metálicos por formación de óxidos.
Así pues, podemos
apreciar la importancia de la presencia de O2 en el medio que rodea
al metal.
Si el ión metálico
se elimina mediante la formación de un compuesto insoluble
precipitado sobre el ánodo, y esta película es adherente
e impermeable al medio, la corrosión se detiene porque este
precipitado llega a recubrir la superficie metálica protegiéndola.
Es lo que se denomina pasivación, como ocurre en el caso
de aluminio y cromo.
Este proceso a una velocidad
mucho menor se produce en los anclajes de barrancos.
NOTA: Este trabajo está
a disposición de todo aquel que quiera emplearlo para el
interés de la comunidad barranquera o del suyo propio, SIEMPRE
Y CUANDO SE CITE EL LUGAR DONDE ESTÁ ALOJADO, Y LAS FUENTES
Y AUTORES DEL TEXTO Y FOTOGRAFÍAS, POR CORTESÍA A
TODOS ELLOS.
Bibliografía
* Introducción
a la Metalurgia Física. Avner, S.H. Mc Graw Hill. 1988
* Más allá de la herrumbre I. Javier Ávila
y Joan Genescá. Fondo de cultura económica 1996
* Más allá de la herrumbre. II. La lucha contra la
corrosión. Javier Ávila y Joan Genescá. Fondo
de cultura económica 1995
* Más allá de la herrumbre. III. Corrosión
y medio ambiente. Joan Genescá. Fondo de cultura económica
1995
* Manuales técnicos sobre corrosión. Hilti
Internet:
* GROTTE DES EMOTIONS.
A killer cave: some examples of very rapid corrosion of gear
* Corrosão de metais: alguns fundamentos
* Compatibilidad de materiales. Artículo publicado originalmente
en "Vulcania: revista de espeleología del archipiélago
Canario", volumen 7 (2005), página 62 por Octavio Fernández
Lorenzo
Fotografías:
* Andrés Martí
* http://www.safercliffs.org
* http://www.hilti.es
* Javier Rodriguez
* José Félix Reyes
* Miguel Angel Cebrián
* Rubén Acerete
Mas información
en Internet y nuestro agradecimiento a:
http://www.safercliffs.org
http://www.hilti.es
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